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TRABAJO Y CAPACITACIÓN
Gran parte el proyecto de vida que el hombre construye se relaciona estrechamente con la esfera laboral, ámbito en el que transcurre un extenso fundamental período de su existencia. El trabajo es para él tanto la herramienta para transformar el mundo como para edificar su propia historia y la de los suyos; instrumento de superación de condiciones adversas y medio de afirmarse en la realidad. Pero el mundo moderno y cada vez con mayor celeridad exige el aprendizaje constante y sistemático, bajo riesgo de que, de no hacerlo, el trabajador quede rezagado, obsoleto o marginado del mercado laboral. Esta es la inevitable realidad de la época que nos toca vivir. Tanto la Organización Internacional del Trabajo como jefes de gobierno de distintas naciones, sindicalistas estudiosos de la problemática laboral y de la economía, sociólogos, educadores, politólogos y expertos, en general, de estas cuestiones, de diversos signos ideológicos, vienen planteando y advirtiendo un dramático tono: ¿Cuál será el destino, en un futuro muy próximo, de los obreros que carezcan de calificación, en un contexto cada vez mas tecnologizado, donde por el otro se exige una alta capacitación al trabajador que aspire a insertarse o continuar insertado en el sistema?. Más aún ¿qué pasará con aquellas regiones del planeta cuyas poblaciones no están en aptitud ni con conocimientos para asumir los desafíos del mundo que estamos viviendo y el que se avizora? Un nuevo fantasma se cierne sobre la humanidad; ya no es el de la guerra total ni el de las dictaduras absolutistas ni el comunismo. Ahora el peligro es el de la marginalidad funcional de grandes masas humanas que, por imposibilidad de acceso al conocimiento y a la información, quedan definitivamente fuera del mercado de trabajo, en la zaga de la historia. Este peligro conlleva desocupación, hambre, violencia, condena, absoluta a la inanición o a la caridad pública (por otro lado cada vez menos efectiva y más lejana). Es un compromiso compartido, por las empresas, por los estados y por las organizaciones gremiales acudir en conjunto, y con todos los recursos disponibles, a enfrentar esta problemática para evitar su profundización y sus tremendas consecuencias. Debemos concientizarnos y no sólo declamarlo, que es imprescindible brindar al trabajador y a su familia las máximas oportunidades para que se capacite humanística, técnica y profesionalmente. Caso contrario estaremos, por omisión, por desidia o por egoísmo, enajenando el porvenir de nuestro pueblo. Y esto es de una seriedad y gravedad que, a la hora de las definiciones, no admite titubeos ni claudicaciones.
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Enrique Alberto Pistoletti Secretario de Prensa Director I.S.C.
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